sábado, 1 de noviembre de 2014

La Quietud del Buda, meditación.

La Quietud del Buda

         Meditante, cierra tus ojos, relaja tu cuerpo y aquieta tu mente, toma una respiración lenta y profunda y exhala de tu cuerpo toda carga de inquietud, ansiedad e intranquilidad y prepárate para el ejercicio  de meditación. Toma una segunda respiración, centra tu atención en tu cuerpo, permite que se relaje y a su vez aquieta tu mente, concentra tu atención en tú respiración, recorre mentalmente cada parte de tu cuerpo y relaja aquella zona donde todavía sostienes tensión, toma una tercera respiración, lenta y profunda y termina de alcanzar ese estado de quietud y paz interior, tu mente serena y tu cuerpo totalmente relajado.
         Meditante observa dentro de ti una luz, luz que brilla y resplandece en tu interior, es una luz que ilumina todo tu cuerpo, cada rincón, cada espacio de tu organismo se encuentra iluminado por tu luz interior. Esta luz representa tu Esencia, misma que da vida y consciencia a tu cuerpo físico; es la luz que te acompaña desde que naciste y representa la divinidad en ti; sin la energía  de Dios, tú en tu cuerpo no existiría, está es el halito de Dios que te da la vida y la existencia en este plano terrenal, todas las criaturas de la naturaleza, es esta luz, lo que le da la vida y esencia de Ser.
         Meditante reconoce en está luz a tú Esencia de Ser; identifícate con ella y con el solo hecho de observarla le das más intensidad a su brillo; lleva esta luz a cada célula de tu cuerpo, a cada órgano, a cada glándula, a cada hueso y musculo de tu organismo. Llénate de la luz que da la capacidad de existir, de ser y estar, meditante date cuenta que en tu naturaleza más íntima eres luz. Tu presencia siempre ha sido y eternamente estará en los diferentes planos de existencia que se expresan en el universo.
         Meditante observa frente a ti la imagen de Buda, quien medita profundamente, su rostro refleja una profunda quietud, y su cuerpo emana una energía divinal que impregna todo su entorno.
Todo en él es quietud y a su alrededor todo es armonía, centra tu atención en él, déjate impregnar por su velo de quietud, y comenzaras poco a poco a diluir tu identidad personal, cuando llegues a alcanzar la transparencia corpórea comenzaras a ver consciencia y no tu consciencia; comienzas a percibir vida y no tu vida; comienzas a percibir el “Ser-Uno” y no tu ser; cuando todo esto acontece las dudas se van desvaneciendo. Empiezas a percibir que el “Ser-Uno” en su esencia es quietud, transparencia, paz y simplicidad.
Te das cuenta que tu realidad en esencia es quietud, misma que debes llevar al movimiento, movimiento que te da vida en este espacio dimensional, movimiento que te permite tomar consciencia y movimiento con el que creas tu realidad.
Meditante, todos somos seres maravillosos y divinos y nuestra esencia es la quietud, y estamos aquí para desplegar movimiento, para que esta realidad co-creada se llene del movimiento que genera la quietud.
Y desde la quietud responderemos a lo que acontezca en nuestro entorno en consonancia con lo que somos. Seres divinales.
Somos millones de seres humanos, los que hemos decidido una realidad que exprese un nuevo mundo, un mundo de paz, prosperidad y armonía en la sociedad, porque es lo que sintoniza con nuestro estado consciencial.
         Tomate tu tiempo y cuando este completo tu trabajo, vuelve a conectarte con tu tiempo y espacio en esta dimensión y reconéctate con tu condición física y abre tu ojos, el ejercicio ha terminado.   

Sun Tain
El Gran Lama de Altai entre Nosotros





Dr. José Luis González Ladera
ayo.yariel


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