Siéntate
cómodamente y relaja todos los músculos de tu cuerpo. Concentra tu atención en
el rostro, el cuello y los hombros. Relaja de ellos toda la tensión. Continúa
con el tronco, los miembros superiores, brazos, antebrazos, manos, hasta
liberar la tensión de la punta de tus dedos. Ahora, muslos, piernas y pies.
Respira profundamente, lentamente. Inhala el aire a plenitud, llenando tus
pulmones. Exhala suavemente por la boca.
Continúa respirando,
lenta y profundamente, al mismo tiempo que sientes que tu cuerpo, completamente
relajado, empieza a volverse transparente. Tu mente, limpia y transparente. Tu
cuerpo pierde peso. Todo en él está transparente. Tu energía vital fluye
libremente. Empiezas a perder tu forma corpórea y tu cuerpo transparente se va
convirtiendo en una gran flama de energía vital. Una flama transparente que te
hace sentir que todo tú, meditante, eres energía vital. Eres vida.
La flama se va
llenando de luz y ahora eres una gran flama de luz blanca brillante. Eres
consciencia de ser. Estás a plenitud de consciencia. Todo tú eres energía
consciente. Abres tu consciencia y sientes haber alcanzado la absoluta libertad
que te da la pérdida de la forma corporal. Tu mente, clara y lúcida. Estás en
profunda paz interior. Nada te molesta, nada te inquieta.
Subes tu frecuencia
vibratoria y la gran flama empieza a alcanzar matices color ámbar, y empiezas a
sentir lo que es la fuerza. La fuerza del viento dorado que se conjunta en ti.
Eres una flama dorada y conoces la esencia de la fuerza interior. Todo tú eres
fuerza ilimitada, irrestricta. Eres el kí. Eres la esencia de la fuerza dorada.
Subes tu
frecuencia. Y la flama dorada alcanza tintes rojizos que la convierten en la
flama anaranjada. Estás sintiendo lo que es la sabiduría del Lama. La energía
vital vibrando, libremente, como una gran flama anaranjada. Éste es el
principio de que comprendas la esencia de la sabiduría. En ella, no necesitas
creer, es posible saber. Y todas tus dudas desaparecen. No tienes cuerpo, ni
nombre, ni personalidad alguna. Eres energía vital consciente. Vibrando a la
frecuencia del color anaranjado.
Subes tu frecuencia
y llegas al rojo. La vibra en su máxima expresión, sólo para transmutarlo en un
rosa intenso, pues el rojo, a la luz de la consciencia, es rosa incandescente. Y
tú, meditante, en este instante sientes lo que es la vibración del amor. Eres
todo amor. Amor infinito, amor sin límites, amor consciente. Todo tú eres flama
y vibrando en amor todo lo trasciendes. Amas a tu hermano, amas al animal, amas
la naturaleza, las plantas, las montañas, el agua, porque eres amor y no otra
cosa.
En esta vibración
subes tu frecuencia y alcanzas el color morado. Ahora eres una enorme flama
violeta, luminosa, vibrante. Eres vida consciente. Energía vital en su más alta
escala de vibración. Eres el poder de transmutar. En ti la alquimia es posible.
Qué quieres cambiar: el dolor del que sufre, en alegría; las carencias, en
abundancia; el desorden, en orden. Medita y comprende. Tu consciencia, abierta.
Tu mente, transparente. Tu personalidad, inexistente. Eres, por lo tanto, la
esencia del poder. Una enorme flama violeta. El color morado, vibrante,
intenso, es la esencia del cambio. Es, el principio, de la alquimia superior.
Tú decides cómo utilizar el poder.
Y al empezar a
descender la frecuencia vibratoria, alcanzas el azul intenso. Toda tu energía
vital forma una gran flama azul del color del zafiro. Y tu consciencia
comprende la claridad de la verdad. La luz está en tu entendimiento y
comprendes cómo puedes manejar las variantes de tu energía vital.
Para terminar, baja
aún más tu frecuencia y alcanzas el color verde esmeralda. Ahora, eres una gran
flama verde brillante. Cada átomo, cada partícula de energía que te conforma,
vibra a la frecuencia de la salud. Nada en ti es inarmónico. Todo tú eres una
gran flama verde como caudal de salud. Vibras, intensamente. Y en este estado,
gradualmente, recuperas tu forma corporal. Sin descender, ni un instante, la
frecuencia vibratoria de tu energía vital. Todo tu cuerpo está inundado de
energía verde brillante y te asemejas a una estatua de esmeralda, transparente.
Todo tu cuerpo vibra a la frecuencia de la salud. Y tú, meditante, decides. En
esta vibración recorre, lentamente, todos tus huesos, cada uno de tus músculos,
tus órganos internos, todos ellos están inundados de energía verde, del color
de la esmeralda, que es la frecuencia equilibrante de la salud. Y tú, desde tu
nivel de consciencia abierta, ordenas: ordenas salud a huesos, músculos,
tendones y ligamentos; órganos internos, piel, y cabellos. Déjalos vibrando en
esta frecuencia. Permite que siga fluyendo la energía vital, sin atraparla o
entorpecer su desplazamiento en ningún punto, en ningún sitio. Y, en ti, la
salud habrá de trascender los niveles de la energía vital, hasta llegar a la
materia para hacer de ella un cuerpo saludable, un cuerpo armónico, un cuerpo
bello, digno receptáculo de tu mente, de tu Alma, en donde la Presencia Divina
esté feliz de habitar.
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