miércoles, 11 de abril de 2018

La Flama, meditación.


Siéntate cómodamente y relaja todos los músculos de tu cuerpo. Concentra tu atención en el rostro, el cuello y los hombros. Relaja de ellos toda la tensión. Continúa con el tronco, los miembros superiores, brazos, antebrazos, manos, hasta liberar la tensión de la punta de tus dedos. Ahora, muslos, piernas y pies. Respira profundamente, lentamente. Inhala el aire a plenitud, llenando tus pulmones. Exhala suavemente por la boca.
Continúa respirando, lenta y profundamente, al mismo tiempo que sientes que tu cuerpo, completamente relajado, empieza a volverse transparente. Tu mente, limpia y transparente. Tu cuerpo pierde peso. Todo en él está transparente. Tu energía vital fluye libremente. Empiezas a perder tu forma corpórea y tu cuerpo transparente se va convirtiendo en una gran flama de energía vital. Una flama transparente que te hace sentir que todo tú, meditante, eres energía vital. Eres vida.
La flama se va llenando de luz y ahora eres una gran flama de luz blanca brillante. Eres consciencia de ser. Estás a plenitud de consciencia. Todo tú eres energía consciente. Abres tu consciencia y sientes haber alcanzado la absoluta libertad que te da la pérdida de la forma corporal. Tu mente, clara y lúcida. Estás en profunda paz interior. Nada te molesta, nada te inquieta.
Subes tu frecuencia vibratoria y la gran flama empieza a alcanzar matices color ámbar, y empiezas a sentir lo que es la fuerza. La fuerza del viento dorado que se conjunta en ti. Eres una flama dorada y conoces la esencia de la fuerza interior. Todo tú eres fuerza ilimitada, irrestricta. Eres el kí. Eres la esencia de la fuerza dorada.
Subes tu frecuencia. Y la flama dorada alcanza tintes rojizos que la convierten en la flama anaranjada. Estás sintiendo lo que es la sabiduría del Lama. La energía vital vibrando, libremente, como una gran flama anaranjada. Éste es el principio de que comprendas la esencia de la sabiduría. En ella, no necesitas creer, es posible saber. Y todas tus dudas desaparecen. No tienes cuerpo, ni nombre, ni personalidad alguna. Eres energía vital consciente. Vibrando a la frecuencia del color anaranjado.
Subes tu frecuencia y llegas al rojo. La vibra en su máxima expresión, sólo para transmutarlo en un rosa intenso, pues el rojo, a la luz de la consciencia, es rosa incandescente. Y tú, meditante, en este instante sientes lo que es la vibración del amor. Eres todo amor. Amor infinito, amor sin límites, amor consciente. Todo tú eres flama y vibrando en amor todo lo trasciendes. Amas a tu hermano, amas al animal, amas la naturaleza, las plantas, las montañas, el agua, porque eres amor y no otra cosa.
En esta vibración subes tu frecuencia y alcanzas el color morado. Ahora eres una enorme flama violeta, luminosa, vibrante. Eres vida consciente. Energía vital en su más alta escala de vibración. Eres el poder de transmutar. En ti la alquimia es posible. Qué quieres cambiar: el dolor del que sufre, en alegría; las carencias, en abundancia; el desorden, en orden. Medita y comprende. Tu consciencia, abierta. Tu mente, transparente. Tu personalidad, inexistente. Eres, por lo tanto, la esencia del poder. Una enorme flama violeta. El color morado, vibrante, intenso, es la esencia del cambio. Es, el principio, de la alquimia superior. Tú decides cómo utilizar el poder.
Y al empezar a descender la frecuencia vibratoria, alcanzas el azul intenso. Toda tu energía vital forma una gran flama azul del color del zafiro. Y tu consciencia comprende la claridad de la verdad. La luz está en tu entendimiento y comprendes cómo puedes manejar las variantes de tu energía vital.
Para terminar, baja aún más tu frecuencia y alcanzas el color verde esmeralda. Ahora, eres una gran flama verde brillante. Cada átomo, cada partícula de energía que te conforma, vibra a la frecuencia de la salud. Nada en ti es inarmónico. Todo tú eres una gran flama verde como caudal de salud. Vibras, intensamente. Y en este estado, gradualmente, recuperas tu forma corporal. Sin descender, ni un instante, la frecuencia vibratoria de tu energía vital. Todo tu cuerpo está inundado de energía verde brillante y te asemejas a una estatua de esmeralda, transparente. Todo tu cuerpo vibra a la frecuencia de la salud. Y tú, meditante, decides. En esta vibración recorre, lentamente, todos tus huesos, cada uno de tus músculos, tus órganos internos, todos ellos están inundados de energía verde, del color de la esmeralda, que es la frecuencia equilibrante de la salud. Y tú, desde tu nivel de consciencia abierta, ordenas: ordenas salud a huesos, músculos, tendones y ligamentos; órganos internos, piel, y cabellos. Déjalos vibrando en esta frecuencia. Permite que siga fluyendo la energía vital, sin atraparla o entorpecer su desplazamiento en ningún punto, en ningún sitio. Y, en ti, la salud habrá de trascender los niveles de la energía vital, hasta llegar a la materia para hacer de ella un cuerpo saludable, un cuerpo armónico, un cuerpo bello, digno receptáculo de tu mente, de tu Alma, en donde la Presencia Divina esté feliz de habitar.

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